Balneario Oceánico

Océano

San Antonio, mar abierto

El Océano Atlántico. Cambios. Infinita paleta de colores que mutan con el cielo. Pequeños milagros en el agua. Aves y mamíferos en su hábitat natural. Cetáceos que se descubren en las rompientes o en el buceo improvisado. El delfín del plata surcando las olas. Las gaviotas zambulléndose como clavadistas en busca de alimento. Los berberechos buceando en la arena. La ballena franca austral en su tránsito hacia el sur durante el invierno.

Y de noche, en la costa, el parpadeo del faro de Cabo Polonio tras sus 12 segundos de oscuridad.

Playa

Virgen, solitaria, enorme.

Un atardecer explosivo.

Sentir la arena colarse entre los dedos de los pies.

Los pozos de silencio dividiendo el ir y venir de las olas.

Las aves volando detrás de la rompiente. El contorno de un pescador a la distancia.

Única cada día.

Dunas

Miradores naturales

Las dunas son testigos del desarrollo del ecosistema costero uruguayo.

Altas terrazas de arena y vegetación con capacidad fijadora frente a la erosión.

Un giro en 360° para contemplar la inmensidad del bosque, la playa y el mar.

Bosque

El guardián

Entrar en el bosque es descubrirlo cada vez.

Casas y cabañas escondidas entre senderos.

Dueño de una flora tupida, hecha de variadas especies autóctonas, acacias y altísimos pinos europeos. Flores silvestres. Plantas con usos medicinales. Mágicos hongos comestibles. Palmas de butiá.

Y con suerte, el regalo de un zorro, una liebre o un ciervo de monte que se cruza en tu camino.

 

Qué hacer

Estar en San Antonio. Estar en el presente.

Caminar por senderos improvisados y calles sin marcar, contemplando árboles nativos y pinos inmensos e ir descubriendo las casas, una a una, escondidas y dispersas.

Disfrutar del silencio, la lectura, el canto de los pájaros, el perfume de romeros y lavandas.

Ser testigos del Sol naciente en el mar infinito, del milagro de la Luna llena creciendo sobre el agua.

Bañarse en el mar. Y cuando lo permite, practicar surf, kitesurf, kayak o paddle surf.

Correr entre caminos agrestes. Pasear a caballo.

Cocinar sin tiempo y por placer pequeños banquetes, combinando los frutos del mar y de la tierra.